Lotería Nacional
Domingo 5 de Febrero, 2011
1. Serie 291 Número 89
2. Serie 670 Número 98
3. Serie 957 Número 55
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La ciudad de Cartago, como muchas otras en la época colonial, segregaba a los bancos de los indios y mestizos. A todo el que no fuera blanco puro se le había prohibido el acceso a la ciudad, donde una cruz de piedra señalaba la división y los límites. Estamos en los alrededores del año de 1635 a 1639, época de la aparición, el perímetro de la ciudad apenas llegaba a unas 400 varas de la plaza.
Aquella pequeña ciudad compuesta de cuadrantes con pocas casas y grandes solares. A unas 700 varas de la plaza, cerca de este punto estaban diseminadas una pocas casas muy humildes y se le llamaba La Puebla de los Pardos, por el color de la piel de sus habitantes.
Juana Pereira, una pobre parda (se desconoce si era, india, mestiza o morena), se ha levantado al amanecer para, como todos los días, buscar la leña que necesitan en su hogar. Es el 2 de agosto, fiesta de la Virgen de los Ángeles, y la luz del alba que ilumina el sendero entre los árboles, le permite a Juana descubrir una pequeña imagen de la virgen sencillamente tallada, como de una cuarta de grande, (20 centímetros) visiblemente colocada sobre una gran roca en la vereda del camino. Con alegría, la mujer, recogió aquel tesoro, sin imaginar que otras cinco veces más lo volvería a hallar en el mismo sitios, pues la imagen desaparecía de armarios, cofres. En una ocasión, sorprendida fue en busca del cura de Cartago, a quien con asombro le contó la historia y le entregó la imagen; el sacerdote tomó la figura y la guardó en una caja, con el fin de analizarla con cuidado una vez que tuviera tiempo.
Al día siguiente la imagen ya no estaba dentro de la cajita. Cuando Juana fue al monte a buscar leña como era su costumbre, nuevamente allí sobre la misma piedra, se encontraba la imagen oscura. Juana corrió donde el cura y este, acompañado de otras personas, fue hasta el breñal, desde donde condujo a la imagen en procesión hasta la iglesia parroquial depositándola en el sagrario parroquial, para regresar tenazmente a la roca donde había sido encontrada.
Era la quinta vez que la Virgen se manifestaba de esa manera y comprendieron que allí en ese lugar debería homenajearse a la Virgen construyéndole un templo.
CELEBRACIÓN EN TORNO A LA APARICIÓN
Es esta la tradición más antigua de todas. La imagen apareció un 2 de Agosto de 1635, fecha cuando los religiosos celebran el día de los Ángeles. Por este motivo se le llamó Nuestra Señora de los Ángeles. El padre Baltasar de Grado, cura párroco de entonces fue el que inició y promovió esta celebración, y antes de morir dejó una donación para mantener viva la tradición.
LA PATRONA DE COSTA RICA
Con el tiempo la devoción por La Virgen de los Ángeles se extendió por todo el país. Fue declarada Patrona de Costa Rica el jueves 23 de setiembre de 1824, siendo Jefe de Estado Don Juan Mora Porras, por la Asamblea Constituyente que se reunía por esos días. En el decreto III de dicha asamblea, se lee lo siguiente:
El Jefe Supremo del Estado de Costa Rica. Por cuanto el Congreso Constituyente del mismo Estado ha decretado lo siguiente: El Congreso Constituyente del Estado de Costa Rica ha tenido a bien decretar y decreta: La Virgen de los Ángeles Madre de Dios y Señora nuestra, es, y será en lo sucesivo la Patrona del Estado de Costa Rica.
Ha sido desde entonces que la Virgen de los Ángeles es la Patrona de Costa Rica y así lo reconocen todos los costarricenses católicos, años después se le celebra como una Fiesta Nacional, dejando ese día 2 de agosto como un feriado obligatorio.
LA ROMERIA A CARTAGO
Durante el día y la noche del primero de agosto, cientos de miles de costarricenses, provenientes de todos los rincones del país, se dirigen hacia Cartago. Ellos realizan una romería hasta la Basílica de la Virgen. Muchos la hacen a pie, otros en bus, en automóvil, inclusive otros a caballo. Durante el camino se reza y se ora, también se canta y se cumplen las promesas. El viaje es agotador, pero los fieles con su gran espíritu de gratitud, hacen sus peticiones y cumplen la penitencia como acción de gracias o como una muestra de amor a la Señora.